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Leonardo Oyola: "La villa no tiene geografía específica"

Es uno de los escritores más originales de la nueva generación de narradores. Este discípulo de Alberto Laiseca eligió narrar un policial signado por la violencia escondida detrás del progreso mentiroso de Buenos Aires y las invocaciones a San La Muerte, San Jorge y el Gauchito Gil.

Por: GCL

Leonardo Oyola está tumbado en una cama. La culpa la tiene una neumonía que lo obligó por primera vez en el año a parar. Es que este sugerente narrador de tan sólo 35 años que cuando habla deja entrever que además de libros tiene calle, se pasó el primer semestre del año escribiendo para cumplir con los compromisos contractuales que supusieron sus dos recientes novelas Santería y Gólgota. La segunda –dice- lo consumió e incluyó una presentación en España, el primer viaje en avión de Oyola, y sirvió para que desde allí terminara esta exquisita, apurada, violenta y divertida novela policial.

"Cuando terminé Gólgota estaba medio agotado, por cosas de mí, cosas del pasado, que sé que no van a cambiar. Santería fue mucho más lúdica, retomarla me distendía mucho, porque tiene cosas de mi pasado, de cuando éramos borregos", explica Oyola que de a ratos habla como si fuera un personaje más de Santería.

La historia de Fátima Sánchez, la víbora blanca, su archienemiga la Marabunta y los imperdibles personajes secundarios como el Danielín, Aguirre y sobre todo el Emoushon enmarcados en Puerte Apache, la villa real y ficticia, sobre la que se erigió Puerto Madero y de la que entre ataques espiritistas y anticipaciones de tarot, Oyola decidió también y a su manera, dar testimonio de las asimetrías de otra Buenos Aires bien palpable.

"El maestro respeta mucho la parapsicología. Se me hacia muy cuesta arriba, veía que tenía que hacer un curso bastante adelantado y que no lo iba a poder llevar adonde yo quería y más que tenía que ser muy respetuoso, más teniendo en cuenta que lo iba leer el maestro, otro amigo y tanta gente que tiene ese respeto", dice Oyola que cuando habla de maestro se refiere a Alberto Laiseca, su mentor y que cuenta que encontró en las cartas, en el Gauchito Gil, y en San Jorge las formas de satisfacer los deseos de los responsables de Negro Absoluto, de lograr un policial espiritual y fantástico y no herir susceptibilidades al mismo tiempo.

"Hablando con un amigo mío que es tatuador, el que me hace todos los escrachos, ahí me puse a pensar en el gauchito y en el concepto de llevarlo hacia el terreno de la fe", revela Oyola que añade que Santería es la primera entrega de una saga de cuatro novelas. "Como en las cartas, esta es la primera hilera, la del pasado de la víbora blanca, faltan el presente, el futuro y, por último, las cosas que no se pueden cambiar, lo definitivo.

−¿Cómo fuiste completando el cuadro de rivalidades espirituales?

−Desde donde yo vengo –Laferrere- siempre fuimos muy respetuosos con San Jorge. El gaucho (Gil) se ve que es un santo muy milagroso. Me empezó a seducir todo eso y ponerlo en función de lo que es la historia. Sasturain escribió un prólogo muy generoso y me parece que me sacó la ficha, dice: "es un eslabón más en la guerra del bien contra el mal". Pero yo tampoco creo que los personajes sean tan simples, todo lo que podemos tener de bueno, lo podemos tener de malo.

−Al mismo tiempo el distorsionado Puerto Apache más allá de lo lúdico es una denuncia por el progreso mentiroso de Buenos Aires...

−Yo veo el Puerto como si hubiese sido un yuyo...y lo sacaron. Al principio ambienté la historia en Laferrere. Me dijeron que la trajera más para el centro y lo tramité en Flores, donde dejé la villa del Jabuti...Más al centro me dijeron y ahí salió lo del Puerto Apache.

−¿Investigaste sobre las villas en las que transcurre la novela?

−La villa no tiene geografía específica. Así se mueve la 20, la 1-11-14 y así se habrá movido el Puerto. Estuve con puesteros de La costanera, que fueron los que me tiraron más data del lugar.

−¿Cómo fue la experiencia de escribir por encargo y con tan poco tiempo?

−El tiempo era el necesario. Lo tomé como un trabajo que lo podía llevar hacia el universo de lo que me interesa hacer a mí con mi literatura. Pero tuve miedo que cuando lo entregara me dijeran: "Oyola, ¿quién te pensás que sos, la Rowling, que podés abrir así? Ahí cagaba fuego, porque tenía todo armado.

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Comentarios (1)
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06:57
20.JUL.08
Me parece muy interesante que Leonardo se ponga a bucear por las orillas nuestras cargadas de tanta mística. Parafraseando al médico Monsalvo, en tiempos materialistas es bueno poner el ojo en las trascendencias y ciertos codigos de convivencia centenarios.

Enviado por Faure

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Oyola Básico
Buenos Aires, 1973. Escritor

Su primera novela, Siete & el Tigre Harapiento (Gárgola, 2005) obtubol a tercera mención del Premio Clarín de novela en 2004. Su segundo trabajo, Hacé que la noche venga, será próximamente publicado por Sudamericana. En España la editorial Salto de Página editó en 2007 su tercera novela, Chamamé, y este año la cuarta: Gólgota. Sus relatos han sido antologazos en diversas recopilaciones. Actualmente colabora como crítico cinematográfico para la edición argentina de Rolling Stone.

Así escribe
-¡Señor de la Muerte! ¡Muerte a mi enemigo!
Aguirre se sometió al destino:
-Hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo...
-Yo busqué transar con el destino:
-Por mi propia vida...
Danielín mostró su hambre:
-¡Señor de la Muerte! ¡Muerte a mi enemigo!
Aguirre compartió su comida:
-El pan nuestro de cada día danos hoy...
Y yo también comulgué:
-Porque sabido es...
Danielín rogó con más fuerzas:
¡Señor del Muerte! ¡Muerte a mi enemigo!
Aguirre imploró:
-No nos dejes caer en la tentación...
Y yo recordé:
-Que la sangre del inocente...
-¡Señor de la Muerte! ¡Muerte a mi enemigo!
-Líbranos del mal...
-Sirve para hacer milagros...Amén – murmuré, ya sin poder contener las lágrimas mientras encendía una vela colorada.
-Amén- dijo en voz alta Aguirre besándose el pulgar después de haber la señal de la cruz.
-¡Amén!-gritó el pendejo, tirando un revoque su furia, mientras le mostraba a la noche la hoja de la faca emborrachada en su sangre.