Ningún gran artista ve las cosas como son en realidad si lo hiciera, dejaría de ser artista". La frase pertenece al escritor irlandés Oscar Wilde, y sirve para preguntarse por el sentido del Cubismo, el movimiento de vanguardia en las artes plásticas que, a principios del siglo XX, diO impulso a la modernidad. Cómo veían la realidad los pintores cubistas Para acercarse a la obra de 19 artistas destacados de este movimiento, el Museo Nacional de Bellas Artes exhibirá la muestra "El Cubismo y sus entornos en las colecciones de Telefónica , entre el 22 de julio y el 14 de setiembre, con entrada gratuita.
La exposición reúne 41 piezas de 19 pintores que formaron parte de la inflexión marcada por el Cubismo en las primeras tres décadas del siglo XX, con el español Juan Gris a la cabeza, presente en la muestra con 11 de sus obras, entre ellas su óleo La guitarra , de 1918.
Los orígenes del Cubismo se remontan a 1907, fecha en la que el pintor español Pablo Picasso cuya obra estará ausente en esta muestra concluye Las señoritas de Aviñón . Picasso y el francés Georges Braque surgen como los inspiradores de este movimiento, que se animó a representar las formas de la naturaleza a través de figuras geométricas, donde todas las partes de un objeto aparecían en un mismo plano. El Cubismo es considerado por muchos críticos como la primera vanguardia, ya que rompe con uno de los mandatos renacentistas aún vigentes a principios del siglo XX: las leyes de la perspectiva.
Establecidas en Italia durante el Renacimiento, las leyes de la perspectiva creaban la ilusión de ver sobre un plano el cuadro, cualquiera sea, visto por el espectador las tres dimensiones.
A partir del Cubismo, que buscaba representar el mundo desde múltiples puntos de vista y con todo el dinamismo típico de la vida moderna recordemos que a comienzos del siglo XX se ven los primeros automóviles y aviones quedó legitimada la representación de las cosas sin ningún compromiso con la apariencia real. Junto a Picasso y Braque, se destacó el madrileño José Victoriano González Pérez, conocido como Juan Gris, quien ya en 1913 se había apartado de su actividad como ilustrador de revistas francesas para volcarse de lleno a la pintura. Su obra aparece como una de las más importantes adquisiciones de la colección de Telefónica, iniciada en los años 80.
El conjunto de cuadros de la exposición se completa con obras de otros 18 artistas europeos y latinoamericanos: Manuel Angeles Ortiz, Rafael Barradas, María Blanchard, Alexandra Exter, Albert Gleizes, Natalia Gontcharova, Auguste Herbin, Celso Lagar, André Lhote, Luis Marcoussis, Jean Metzinger, Joaquín Peinado, Emilio Pettoruti, Vicente do Rego Monteiro, Joaquín Torres García, Georges Valmier, Daniel Vázquez Díaz y Xul Solar. Maria Jose Herrero, directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes, señala que esta exposición es importante porque muestra los diferentes contextos del Cubismo, no sólo de Francia y España, sino también en diferentes países latinoamericanos, las versiones locales. En este sentido es muy interesante la propuesta de estos 41 cuadros de primer nivel . Y agrega: También es interesante ver la relación del Cubismo con otros movimientos contemporáneos como el Constructivismo y el Futurismo. Por ejemplo, el uruguayo Torres García es un típico caso del Constructivismo. El arte moderno, con Las señoritas de Aviñón de Picasso en 1907, empieza a alejarse de la representación naturalista. Coincido con el juicio del curador de la muestra de Telefónica, Eugenio Carmona, que este cuadro es una de las tendencias fundantes, junto con la obra de Georges Braque, y que el tercer mosquetero es Juan Gris .
La exposición se propone plantear una nueva forma de entender el Cubismo desde una óptica internacional, variada y extendida en el tiempo. En la pintura cubista, además de las figuras de Picasso, Braque y Gris, hubo una destacada participación de otros artistas europeos y latinoamericanos que hicieron que este movimiento se expandiera. Los argentinos Xul Solar y Pettoruti están presentes en la muestra con La sombra del caminante , de 1913, y el collage El racimo de uvas , de 1914, respectivamente. También dos cuadros del uruguayo Torres García, pintados en 1929, así como una obra del brasileño Vicente do Rego Monteiro, Os talheres , de 1925. El curador Carmona explica este fenómeno en el documento Fondo y figura del cubismo y sus entornos: Resulta sorprendente que, a través de la experiencia cubista, determinadas formas de arte popular fueron asumidas de manera pro vanguardista en diversos ámbitos de la geografía europea y americana. En el contexto de la cambiante Rusia de principios de siglo, los casos de Alexandra Exter y Natalia Gontcharova fueron significativos. Y en América Latina, aunque una década más tarde y desde otros moldes y planteamientos ideológicos, la impronta dejada por la recepción del cubismo y por sus derivaciones también estuvo en la base de determinadas recuperaciones de la cultura visual de origen popular . Y concluye Carmona: Las estrechas cronologías de manual parecen en ocasiones dar por acabado el cubismo en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Hoy sabemos que no fue así. La última refracción del cubismo fue la de su capacidad de continuarse a sí mismo .