El preguntó: "¿Qué valor necesita Buenos Aires para dar un salto y para que todos los ciudadanos se sientan integrados? Piénsenlo. Atrévanse." Alguien, en el fondo, arriesgó: "¿Participación y realidad?" El se acercó: "Participación es una palabra fantástica y maldita. Todos los políticos que no dejan participar a la gente hablan de ella." "Identidad", apostó otro. "Identidad es una palabra que está prohibida -contestó él-. Hay palabras que son muy buenas, pero ¡las hemos usado tan mal! En nombre de la identidad hemos hecho tantos desastres..."
Quien escarbaba y cuestionaba era Toni Puig. Quienes respondían, los asistentes al seminario que dictó entre viernes y sábado en el Centro Cultural Recoleta este catalán especialista en gestión cultural, que trabaja en el relanzamiento cultural de Barcelona.
"Lo importante en la cultura es tener ideas actuales. Hacer por hacer es una ordinariez -disparó Puig-. Cada ciudad tiene su propia definición, ésa es su marca."
Con suspiros y exclamaciones, Puig plasmó lo que considera necesario para que el trabajo funcione: la atracción. "Los espacios deben ser sex. Deben atraer. Ser sex es implicar a la gente."
Puig puede ser concreto y polémico y así lo fue cuando le preguntaron por el Colón: "¿Sabes qué significa mil trabajadores en un teatro? Que ese teatro es ingestionable y que no tiene futuro. Porque con mil personas no debe funcionar un teatro, debe funcionar una ciudad. Una organización de cien personas es lo máximo que te permite gestionar una institución."
Showman a gusto, criticó con humor los puntos flojos del manejo de la cultura en Argentina: "Los argentinos son muy pasivos", dijo. "Buenos Aires necesita un edificio simbólico. No puede ser que los edificios más interesantes de la ciudad sean de las multinacionales, que el mejor edificio no sea público. Las grandes ciudades necesitan íconos."
Dos grandes urbes tomó como ejemplo. Un Berlín cuya marca es "ciudad de los museos", con atractivos carteles que invitan a visitarlos; la comunión justa entre modernidad y antigüedad. Museos con luces de neón, que una vez por semana abren por las noches para atraer a los más jóvenes. Otro caso: Medellín. Puig mostró las imponentes bibliotecas que se elevan en los barrios más pobres de la ciudad y que fueron creadas para combatir la violencia con más cultura y menos policías. "La cultura sirve para templar los instintos de quienes se sienten marginados", argumentó.
Este dandi risueño propuso repensar Buenos Aires e hizo una pregunta movilizante: "¿Por qué nuestros museos no tienen colas para entrar?" Y respondió: "Porque no es política de la ciudad." Avanzó: "Hemos estado invirtiendo en cosas efímeras. Se ha de tener un plan, un valor, aunque no tengamos plata. Y esto lo vemos por un rato, pero luego volvemos a pensar en qué exposición montaremos mañana."
"Hay un problema de mentalidad", criticó el catalán. "Ven la cultura como un sector para mantener actos, eventos. Pero no es esto. La cultura es lo que crea la ciudad. La cultura es qué ciudad queremos y qué futuro queremos diseñar." Subrayó que la innovación es indispensable: "Quien no necesita cambiar, necesita una muerte digna." Y buscando un valor para el Bicentenario, Puig ensayó: "Este es nuestro siglo", como una buena marca.
Enviado por vasco errante